Charly Sinewan | El río sin cobertura
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El río sin cobertura

El río sin cobertura

El siguiente de los ríos en la ruta al sur se llama Linta. Tan solo es un línea azul que zigzaguea en un mapa. Suponemos que con un cauce de agua potente que baja de las montañas buscando su salida al mar. Así es como nos imaginamos algo que nunca hemos visto porque aún no hemos llegado. De hecho, lo lógico, sería que nunca llegáramos porque muchas personas nos han dicho que que no sigamos, que no se puede cruzar ese río en época de lluvias.

Sin embargo no nos detenemos, queremos verlo con nuestros propios ojos, aunque eso suponga tener que dar la vuelta y deshacer muchos y muy complicados kilómetros.

camino del paraiso

Hace unos días paramos junto a una casa. Había un coche aparcado en la puerta y necesitábamos enchufar el compresor porque mi toma de 12 V no funcionaba. Dos tipos reposaban bajo una pequeña sombra que formaba el porche de la casa. Encantados accedieron y mientras poníamos presión a los neumáticos, nos contamos un poco nuestra vida. Por sus rasgos y sobre todo su estilo, no parecían del sur. Eran malgaches pero venían de las tierras altas, contratados por una empresa de telefonía. Estaban a punto de inaugurar una nueva antena. Después, arrancarían el coche y seguirían su camino hacia el sur dando cobertura donde no la hay.

África se divide en dos. Una gran parte donde llega la telefonía móvil y la otra, que mengua a pasos agigantados, donde todavía no la hay. Un día llegan un par de tipos, se instalan una temporada, conectan esa enorme antena que durante meses construyó una cuadrilla, y cambian para siempre la vida de todos aquellos que viven unos cuantos kilómetros a la redonda. Para bien y para mal, porque en esto de la telefonía móvil no hay blancos ni negros. Todo es una amplia gama gris de contradicciones, de ventajas e inconvenientes. En oriente, en occidente o aquí en el sur de la mayor isla en África.

En el relato anterior llegábamos hasta Itampolo, último pueblo antes del Río Linta. Por el camino las noticias habían ido mejorando, lo que kilómetros atrás era un tajante “imposible cruzar ese río”, se había ido convirtiendo en un “quizá esté seco”. Al parecer el río no es un cauce constante, tan solo baja agua cuando ha llovido en las montañas. La falta de cobertura telefónica, entre otras cosas, priva de información inmediata y solo a medida que nos acercamos, los testimonios son más optimistas. Probablemente esté seco.

Itampolo es el final de la barrera de coral, o el principio. Aquí, sin saberlo, cerramos un capítulo de este viaje. Desde que unos semanas atrás arrancamos nuestras motos en Tulear, fuimos poniendo chinchetas a lo largo de la costa en lugares espectaculares que, sin embargo, siempre recordaremos por las persones con las que compartimos escenario. Desde el lujoso hotel de Diego a la parte norte de la parcela del doctor Ambula, donde dormimos igual de bien en la tienda de campaña.

Desayuno en el paraíso

En Itampolo nuestra chincheta se llama Nani, un malgache de las tierras altas que trabajaba de guía turístico y pasaba por estas costas varias veces al año. Un día quiso dejar de pasar por aquí y decidió quedarse para siempre y ver pasar a los demás. No hay mucho turismo en esta zona y ahora en época de lluvias directamente nada. Frente a una nueva playa espectacular, con kilómetros de arena blanca sin pisadas, construyó unos bungalows muy sencillos que con solo lo básico, consiguen que no eches nada en falta. El color del mar, el sonido suave de las olas, pescado fresco y puestas de sol que hipnotizan, suplen la ausencia de cualquier lujo material. Y a día de hoy todavía sin interrupciones porque la cobertura telefónica no llega. Por desgracia o por suerte, a eso le queda poco porque dos tipos con un cuatro por cuatro vienen tras nuestra huella, poniendo antenas que interrumpen puestas de sol.

Salimos de Itampolo a la mañana siguiente, con esa común sensación de querer volver, de no haber quemado apenas un par de cartuchos en un lugar que se merece una gran ráfaga. Abandonamos el pueblo tomando el desvío de la izquierda. De los dos caminos posibles al río, éste, según nos han informado, es el menos arenoso. También es el menos poblado, mientras las motos funcionen sufriremos menos, pero en caso de avería o mala caída, el riesgo es más alto.

Después de la sobredosis de arena de los días de atrás, agradecemos la pista de tierra dura, aunque las lluvias han agrietado grandes tramos que se convierten en trialeras. Es simplemente un aviso de lo que vendrá después del río Linta si finalmente conseguimos superarlo.

Tras unes horas muy duras la pista asciende unos metros hasta un alto, lugar ideal donde poner una antena de teléfono que cubra una amplia zona todavía desconectada. Al fondo vemos un enorme cauce:

El río sin cobertura está seco, el viaje puede continuar.

El río sin cobertura

Charly

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6 Comments
  • Freddy
    Posted at 11:02h, 31 agosto Responder

    Charly cada día escribes mejor!!! Abrazo

  • Jomer
    Posted at 09:38h, 03 septiembre Responder

    Como siempre se me ha hecho cortisimo. Charly gracias por dejarnos viajar contigo a traves de las letras. No dejes de escribir.

  • peterlof
    Posted at 18:46h, 01 octubre Responder

    Eres un fenómeno te seguimos un Abrazo…

  • peterlof
    Posted at 21:33h, 02 octubre Responder

    Eres el mejor me encantan tus viajes y tu actitud…

  • Partido a Partido. Vuelta al Mundo en Moto (S08/E10)EL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 20:32h, 31 octubre Responder

    […] una jornada de nuevo muy dura nos encontramos por fin con el Río Linta. Si bien en este tipo de rutas es clave preguntar a la gente local, también hay que filtrar toda la […]

  • Navidades en familia, viajeraEL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 10:57h, 29 diciembre Responder

    […] agobio.El último relato de viaje está escrito hace un par de meses, pero cuenta lo que sucedía en marzo. Nueve meses de diferencia es demasiado. El formato estaba […]

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