Charly Sinewan | Sumatra y sigue…
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Sumatra y sigue…

Sumatra y sigue…

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Batukaras, Isla de Java, Indonesia. En “Bonsai Bungalows”, como en casa…

Cerca de las nueve de la noche del Jueves entré en Batukaras,  pequeño pueblo pesquero y surfero en temporada baja. Apenas se veía nada, la  pequeña carretera serpenteaba entre una selva espesa de palmeras iluminadas por la luz de los faros, únicamente. No lo veía, pero sabía que estaba entrando a un paraíso. Porque lo había leído, porque había visto fotos, y sobre todo porque lo había soñado desde hacía muchas horas y muchos kilómetros, era el premio tras seis días íntegros de moto.

La carretera desembocó en una recta con varios “bungalows” en casi penumbra a la derecha y el mar, decía el gps, a la izquierda. Avancé unos metros casi parado con los ojos llorosos intentando distinguir algo. En lo que me pareció la terraza de un restaurante de chamizo y paja observé unos seres extraños.

Bajé de la moto y ante la sorpresa por su color de piel, se unió la alegría de entender lo que decían…

Eran dos chicas alemanas y sus novios indonesios, que hablaban inglés, llevaba seis días sin cruzarme con un blanco y sin apenas una conversación que no fuera por señas y palabras sueltas, como comer, beber, dormir o bajar precio.

Hasta aquí cerca de dos mil quinientos kilómetros y más de sesenta horas de moto, de cal y de arena, de sonrisas y sudores…

Sumatra y la cal

Tenía varias dudas sobre Indonesia, sobre el estado de las carreteras, sobre la frecuencia de lluvias, y especialmente sobre las dos anteriores juntas unidas al peso de la moto y al dibujo de las ruedas.

Había intentado averiguar cuándo acaban las lluvias, en febrero parecía, pero ni sabía si a principios o a finales, ni si eran peor al sur o al norte. Ni había conseguido averiguar casi nada, ni tampoco me había obsesionado con ello.

Si quería llegar a Australia no me quedaba otra, lo máximo que podía pasar era encontrarme bloqueado en una carretera que dejara de serlo, hundido en el barro y sin poder sacar la moto por mis propios medios. Pero en un país híper poblado donde siempre habría un camión que me sacara, al momento, al día siguiente o a los tres días.

También tenía una pequeña duda sobre la seguridad del país, pequeña porque viajando aprendes a no hacer caso de lo que te dicen en un país del siguiente.

Si haces caso a un turco no vas al Kurdistán, si se lo haces a un kurdo no vas a Irán, si preguntas a un Tailandés no vas a Camboya y así sucesivamente.

Y si hubiera hecho caso de lo que me dijeron en Malasia, desde luego no estaría aquí.

Sí que es cierto que hay países cuyas ciudades no dan sensación de seguridad e Indonesia puede ser uno de ellos. No me ha pasado nada ni he sentido peligro, pero algo me ha hecho ponerme en alerta cuando he estado metido en una de ellas. No sé explicar por qué pero así ha sido. Por mucho que mi ropa sea negra, mi casco y mi moto, no dejo de ser un blanco perfecto cuando ando atascado en una urbe, donde de haber malos, seguro que andan cerca.

En el campo es diferente, no tengo ningún temor y cada vez me relajo más, cruzo un pueblo con un mercado que colapsa la carretera y me encuentro con gente amable y sonriente que lo único que tienen malo es su forma de posar ante la cámara.

POSANDO

Los gestos y la forma de comportarse ante el extraño en el mundo rural siempre son diferentes, sin duda mejores. Y en Sumatra casi todo fue campo…

Un día después de lo previsto salí de la Isla de Toba.

Después de mucho tiempo retenido por la burocracia, las aduanas y los mares, de nuevo equipaje, cada vez menor y más compacto, sensación nómada y días de carretera por delante. Sensación de libertad que ni se agota ni me agota.

La casi única carretera de la Isla es la que la rodea, una montaña vertical de más de mil metros atraviesa la isla casi de lado a lado e impide el paso. Sobre las diez salí y avancé los más de cuarenta kilómetros de media circunferencia, con el lago de compañero, un sol radiante y paisajes naturales y no naturales que me fueron alegrando la mañana.

TRESCASAS

Después la carretera abandona la isla para entrar de nuevo en tierra firme, o casi, recortando la ladera de una montaña que sube a dos mil metros, de bosques frondosos y vistas al lago que cada vez se va haciendo más pequeño. Cada curva pensaba que la siguiente tendría la foto perfecta, esa que mereciera parar, quitarse el casco, la chaqueta para evitar la insolación, sacar la cámara y hacer la foto relajado. Así pasé una penúltima curva y ya no lo volví a ver.

Desde hace muchos meses es así, cada vez da más pereza parar para hacer fotos. Supongo que me arrepentiré cuando recuerde el viaje desde un cómodo sillón pero aquí y ahora es así.

Mi habitual previsión hizo que subiendo el puerto entrara la reserva. Al coronar la carretera se encontró con un pequeño pueblo por el que cruzaba la principal, la carretera que me bajaría Sumatra hasta el final prácticamente.

Pregunté por una gasolinera y mediante señas y números dibujados al aire, me indicaron que la siguiente estaba a setenta kilómetros, pero no obstante en el pueblo estaba “la gasolinera”.

GASOLINERA2 

Una simpática señora con una pronunciada alopecia y una dentadura perfecta, para jugar al ajedrez, un diente blanco alternaba con uno negro en perfecto orden. Por lo demás la señora tenía claro el concepto beneficio y vendía a casi el doble de su precio gasolina sospechosa. La palabra pura y en inglés, sabía pronunciarla perfectamente, lo que me hizo sospechar aun más.

Pero no quedaba otra, tres litros y a rezar. El precio de la gasolina en Indonesia es también muy bajo, a lo largo del siguiente relato, por necesidad del guión tendré que explicar cuánto y por qué.

Las dudas sobre Indonesia se fueron despejando rápidamente, primero con la calidad del asfalto que de primeras empezó  bastante bueno, entre fuertes pendientes que atravesaban el macizo montañoso en el que andaba metido. Todo bien hasta que sin previo aviso, rodando a veces entre ochenta y noventa kilómetros por hora, la carretera comenzó en ocasiones a desaparecer para convertirse en pista. Frenaba en seco, bajaba las marchas que daba tiempo hasta que justo antes de entrar a la pista y sus agujeros, soltaba frenos, agarraba fuerte la moto y casi cerraba los ojos para no ver lo que estaba pasando.

Varadero a tus zapatos, rozó el cubre cárter en un par de ocasiones, una muy fuerte, el caballete infinitas, y no dejé de sentir el “clak clak” de la suspensión delantera que definitivamente está para pocas emociones. Veremos qué pasa.

Cada rato en mitad de uno de los carriles aparecía un matojo de hierbas homologado que te desviaba al otro carril, para evitar que te proyectaras al vacío por un espectacular agujero que las lluvias habían comido a la carretera.

También encontré algo de barro pero nada grave, aunque parecía que había llovido recientemente, los agujeros y árboles en mitad de la carretera que me fui encontrando parecían ser de antes, o así al menos me consolaba yo.

Y en las primeras paradas empecé a descubrir Indonesia, con sus gentes amables y curiosas, y sus increíbles niños que no dejaban de rodearme y observarme  expectantes ante cualquiera de mis movimientos. Los más mayores practicaban su poco inglés averiguando de dónde era e intentando comprender, como casi siempre aquí, por qué iba solo.

NIÑOS NIÑOMONOPATIN

Cuando entendían que era Español solían rápido pronunciar la palabra Madrid, lo que producía un asentimiento  con sonrisa por mi parte, hasta que ellos decían Kaká o Ronaldo que mi sonrisa se daba la vuelta y decía “no!”, que no niños que no!

Entonces intentaba explicarles que en España había otros equipos, especialmente uno, el glorioso Atlético y sus ilustres jugadores, que aunque la prensa históricamente no había dado tanta popularidad, no eran menos que los anteriores. Pizo Gómez, Súper López y otros tantos…

Creo que no me entendían.

Entre todo lo anterior se fue pasando el día hasta que por la tarde terminé de salir de dudas, una gota, luego dos y en segundos se rompió el cielo y empezó a diluviar.

Con suerte vi algo parecido a un restaurante, paré la moto y ante la mirada perpleja de un buen hombre, que fumaba sentado en el porche dejando pasar las horas, bajé torpe pero rápidamente de la moto salvando la bolsa cubre depósito y sus pertenecías.

Tanto el buen hombre como otros dos más que estaban sentados en el interior, mostraron su alegría ante mi llegada alentándome con voces para que hiciera lo que iba a hacer, meterme al porche.

El buen hombre se levantó rápidamente para ofrecerme una silla entre muestras de afecto, me senté e imité su feo hábito encendiéndome un cigarro. Entre silencios observando el caer de la lluvia y pequeñas conversaciones por señas fueron llegando niños que se sentaron en la mesa rectangular, rodeándome con miradas fijas y perplejas. Después llegó una señora con el que entiendo era su nieto que se asustó al verme, después una panda de niñas que ya no cabían en la mesa, y por último una madre con su bebe en un brazo y un paraguas en el otro. Aforo completo en el porche.

La chica del paraguas hablaba algo de inglés, lo que dio para que hubiera una pequeña conversación.

Yo siempre que me presento lo hago como Carlos, Charly me llaman muchos amigos y amigas por iniciativa propia, de ellos y ellas quiero decir. A mí me gusta también, me da igual cómo me llamen, Carlos, Carlitos, Charly, Charles… el caso es que me llamen.

Pero durante el viaje a veces digo Charly porque para ellos es más fácil de pronunciar.

El caso es que cuando en este caso lo dije se produjo una carcajada en cadena de todos los presentes, el buen hombre, que era el tío de la chica del paraguas, también se llamaba Charly, o mejor dicho Charlie.

Lo que nos acerco todavía más, mi tocayo me pidió que hiciera unas fotos y luego me escribió su dirección, postal claro, para que se las mandara. Espero no ser vago y hacerlo, le daré una alegría con el pequeño esfuerzo de recordar cómo se mandaba una carta.

La chica a pesar del paraguas decidió mojarse y  me invitó a quedarme en su casa a dormir, que estaba justo en frente. Después, viendo que no, me invitó a comer algo, que si tenía hambre me preguntaba. Primeramente pensé que quería practicar inglés, luego me dio por pensar que lo mismo eran otros idiomas los que quería practicar, no sé, el tono de la invitación era confuso.

Despidiéndome agradecido, en especial del bueno de Charlie, me fui ante el intento de todos por alargar mi estancia.

En esta parada como en otras, da la sensación que les alegras el día o quizá incluso la semana, que su monotonía es tal que la presencia de un extraño se convierte en el acontecimiento estelar. Siempre pienso que si pasara de nuevo una semana después todo seguiría igual, Charlie con su cigarro viendo pasar el día desde el porche, los niños disfrutando de jugar con su imaginación, las niñas volviendo del colegio para ayudar a sus madres…

Siguió mi errar por la rural Sumatra hasta que a las siete la luz terminó de despedirse y yo, sin hoteles a la vista ni plan alguno, paré en una gasolinera.

De Ewan y sus viajes me acuerdo poco, cuando tecleo este blog y poco más. De Ted Simon y su viaje en los setenta por estas tierras entre otras muchas, muy a menudo. A veces con envidia del diferente mundo que debió atravesar, pero principalmente con mucha admiración ante lo que tuvieron que ser sus momentos de dudas.

En Indonesia no llevo mapa, busqué y no encontré nada decente al principio y ya no lo he vuelto a buscar. El del gps además es muy malo aquí, casi inservible. Pero tanto en Tailandia como en Malasia e Indonesia, tengo un número de teléfono de prepago con conexión a Internet, a paso de tortuga pero suficiente para ver el mail y sobre todo para tener de compañero de viaje a San Google Maps.

Mientras pensaba qué hacer y ya pensaba en preguntar por señas, se me ocurrió preguntar al santo si había hoteles en la zona. Y me dijo que sí, uno a 63 kilómetros.

Eran las siete, la carretera parecía haber mejorado y llevaba un rato sin llover, así que me animé a mí mismo y decidí hacer lo que suponía serían menos de dos horas de noche.

Y lo hubieran sido si el canalla de San Google no me hubiera mentido, eran 45 kilómetros y no lo vi al pasar, así que tuve que retroceder, algo que llevo fatal, con lo que pasadas las nueve aparecí en un cutre hotel donde dos jóvenes jugaban al ajedrez en la decadente y oscura recepción.

Después de hacerles  entender que no era rico, me abrieron la habitación más barata, cuatro euros. Al entrar una cucaracha entendió que tenía que irse y se fue, y la añorada ducha después de once horas de viaje, aunque fuera de agua fría, se convirtió en un cubo en un apestoso baño de un metro cuadrado. Parte del viaje, qué le vamos a hacer.

Medio limpio salí a las calles del pequeño pueblo para ser el último cliente abrasado por el picante pollo del único restaurante a la vista, compuesto por varias cacerolas con guisos indescifrables y un enorme comedor frente a una televisión colgada del techo. Mientras yo masticaba colorado, una decena de hombres veían muy atentos y en silencio una película americana, subtitulada en indonesio y de esas que nos hacen dormir los domingos después de comer.

La pequeña pantalla mostrando el sueño americano en cualquier rincón del mundo, en fin…

CUTREHOTEL1

A la mañana siguiente madrugué intentando estar lo menos posible en aquel lugar, pero si antes escribo que no había pinchazos, antes pasa, parece que ya tocaba. Rueda trasera en el suelo y después de subir la moto al caballete, un clavo enorme que costaba creer que hubiera entrado solo.

Primera vez que arreglaba un pinchazo tubeless, consecuencias de la buena suerte.

La teoría la sabía, y así puse el cemento en el gancho para previo agrande del agujero, meter el gancho hasta el fondo y luego sacarlo. Pero al sacarlo salía la casi totalidad del cemento, lo que me llevó a darle vueltas, primero dulcemente y sin éxito, y  terminar como un poseso. El resultado fue una especie de albóndiga viscosa y desagradable que corté con el cúter . Parecía que no perdía así que a las ocho y media ya estaba en carretera de nuevo.

La carretera se olvidó de los tramos malos y ya no volvieron más, a las cuatro horas llegué a otro gran lago de Sumatra, Singkarak . Allí comí y por la tarde las montañas poco a poco fueron desapareciendo para entrar en un paisaje tropical, de praderas verdes y bosques de palmeras. Siguieron los pequeños pueblos, las paradas animadas por el público local y así se fue pasando el día.

La calidad del asfalto, las constantes curvas, y los paisajes y pueblos hicieron que no dejara de disfrutar ni un solo momento, igual que a los doscientos kilómetros de autopista me empieza a molestar todo y empiezo a cambiar la posición cada rato, conduciendo por este tipo de carreteras puedo estar doce horas sin molestia alguna.

Y tanto fue así que a las siete, cuando ya se iba la luz, encontré un hotel similar al del día anterior y decidí seguir otros setenta kilómetros e intentar llegar a Rimbo Bujang, la primera ciudad que me encontraba en el camino y que esperaba tuviera mayor oferta hotelera.

En esas dos últimas horas tuve de compañera la lluvia, razón supuse después, para que no viera el cartel que indicaba que cruzaba el ecuador. O quizá incluso era todavía de día cuando lo crucé y no lo vi, o no había indicativo, no sé. El caso es que me lo perdí, lástima, había pensado en innumerables absurdas fotos.

Sin ser consciente de lo anterior llegué a Rimbo Bujang, a las primeras de cambio un hotel de tres estrellas me guiñó un ojo.

– Bueno, pregunto el precio por curiosidad y me voy al cutre de turno pero que al menos tenga ducha…

Después de aparcar la moto en el parking vigilado, un botones me abrió la transparente  puerta de cristal mientras muy educado, me daba la bienvenida a pesar de mi lamentable olor y aspecto. Una bofetada de aire acondicionado me vino a la cabeza, me hubiera dado en la cara de no haber sido porque mi mirada enfocaba al suelo, con dolor ante mis botas llenas de barro pisando la impoluta moqueta de la recepción.

Una chica musulmana impecable, que no hablaba inglés, me enseñó la tarifa.

Habitación básica, aire acondicionado, agua caliente, televisión satélite e internet incluido por 24 euros.

Mientras pensaba que me parecía barato un pequeño “yo” se posó en mi oreja derecha y me dijo:

– Vamos ya!, no seas cutre, llevas dos días a casi doce horas de moto, la última agua caliente que has catado fue hace unos días que te tiraste un té encima (es cierto). Llevas meses a menos de diez euros y muchos días a menos de cinco. Date un capricho!!!! Cutre!!!

Sonreí y asentí con un par de cabezazos dispuesto a pedir descuento a la dulce chica que en silencio esperaba que dijera algo. Pero otro pequeño “yo” se posó en mi oreja izquierda para decirme:

– No seas pijo!, no lo necesitas, vas a dormir unas horas y mañana estarás en carretera a las nueve de nuevo. Estás viajando, no de vacaciones quincenales!… Pijo!!

Es verdad pensé, y aunque no muy convencido recorrí de vuelta la moqueta para salir de nuevo a la temperatura ambiente, montarme en el barro y su moto y adentrarme en la ciudad en busca de hotel cutre con al menos una ducha de agua fría.

La siguiente intentona me llevó a un complejo de “bungalows” de nivel claramente bajo. Al fondo estaba la recepción y tres chicas más o menos de mi edad, supongo, que cotorreaban en una mesa de plástico al exterior. Al verme se levantaron sorprendidas.

No sé qué contestaron ante mi pregunta de si tenían habitación, pero rápido empezaron un interrogatorio en inglés básico sobre mi procedencia, mi destino, la moto, si viajaba sólo…

Al rato, cuando ya ni yo soportaba mi olor corporal, interrumpí el interrogatorio para decir algo así como:

– Bueno…, y la habitación?

– Ah no…, está completo…

Me entró la risa y me despedí de las “tonteadoras” de blancos en busca de otra opción.

El siguiente hotel no me dio ninguna seguridad de cara a la moto, demasiado expuesta y en una ciudad, que siempre tiene más peligro, y no tenía por qué jugármela y bla bla bla…

Tonterías, fue la justificación que necesitaba para volver al lujo por 24 euros, que fueron 22 porque me hicieron descuento y que me llevó a más de media hora de agua caliente en la ducha y a otra media de secado automático al chorro del aire acondicionado, tumbado en la cama con cara de drogado y mirando el techo fijamente y una flecha roja que indicaba dónde estaba la meca. A punto estuve de ponerme en posición y dar las gracias a Mahoma.

El plan de adentrarme en la ciudad para cenar quedó suspendido porque cayó la que hasta la fecha ha sido “la tormenta”. Truenos, relámpagos y lluvia con mala idea cayó hasta que me dormí, y creo que siguió casi toda la noche.

Eso hizo que cenara en el hotel y asistiera al espectáculo occidentalmente bochornoso, que no orientalmente, de clientes cantando en el karaoke del restaurante de un hotel de cierto nivel. No me imagino el restaurante de un NH, que es a lo que correspondía el hotel, un Karaoke que no parara de ser utilizado por los propios clientes. Otros mundos, otras costumbres y otros hábitos.

Yo me lo pasé genial observándolo, de hecho hice un vídeo para recordar el momento.

Las sábanas blancas y la temperatura artificial me hicieron posponer la salida hasta casi las once de la mañana, cosa que a la larga agradecí porque terminaron siendo muchos días de ruta sin descanso.

En concreto Sumatra me llevó otros dos días de diez horas cada uno. El primero de ellos un placer de curvas y entorno rural manchado en dos ocasiones por sendas ciudades. Los mismos paisajes pero con humo, peor ambiente, y lo que tarde o temprano tenía que llegar, la policía.

A la salida de una ciudad control policial masivo. Cerca de 20 policías me hicieron una especie de pasillo que desembocaba en el uniforme con más galones, buen inglés y dólares en sus ojos.

Buenos días, pasaporte por favor.

– Pasaporte…

Minutos de espera al sol, sin quitarme el casco.

Licencia de conducir.

– Licencia…

Minutos de espera

Va a tener que acompañarme a comisaria

– Por qué? (bastante borde)

– Tenemos que comprobar su permiso

Adopté el papel de cabreado, no sé por qué, supongo que porque  en el fondo lo estaba aunque todavía no tenía motivos. Con un ramalazo de mala leche  me quité el casco violentamente, saqué una bolsa y de ella el maravilloso permiso para circular en Indonesia, algo que él no me había pedido y que yo no había sacado para comprobar si era realmente necesario.

Se lo entregué con cara de pocos amigos

Un buen rato de espera.

– A dónde se dirige?

– Jakarta

– No tiene usted amigos en Indonesia?

– No

– Por qué va solo?

– Porque viajo solo

(Cara de no poder entenderlo)

Ok, puede continuar y tenga cuidado.

– Eso es justo lo que hago…

… cuando me encuentro con la poli pensé.

La suerte de nuevo hizo que me encontrara con Roel en Malasia, que era el que sabía la existencia de este permiso. Yo ni idea, nadie te lo advierte y de no llevarlo ya me habría costado más de un susto y varios euros.

La última noche en Sumatra fue para olvidar, primero por la ciudad en la que me sorprendió la oscuridad y decidí parar para no tentar más la suerte conduciendo de noche. Sucia, muy oscura y con mal ambiente, después de intentar salir a cenar, viendo o mejor dicho casi no viendo el ambiente, me di la vuelta y me fui al hotel.

Segundo por el hotel cutre a precio caro en el que no me quedó otra opción que quedarme. Hay lugares que chupan energía, muebles, paredes, incluso gentes…

Éste era uno de ellos.

Lo bueno es que eso me puso a las siete de la mañana en carretera al día siguiente, por fin madrugaba de verdad y por fin disfrutaba de la luz a esa hora en carretera, además sabiendo que por mal que se me diera ese día llegaría al ferri, lo que me relajó y me permitió conducir tranquilo y alargar las paradas el tiempo que la situación pidiera. Y tuve un par de ellas la mar de divertidas.

PARADAOJOS2PARADAOJOS1 PARADA CONVERSACIÓN

A las cuatro horas de campo, placer de gentes y placer de curvas…

Se acabó, la carretera enfiló Java y durante los siguientes 300 km hasta el Ferri que me cambiaría de isla,  el humo y el ruido fueron apoderándose del paraíso natural que es Sumatra.

Atrás quedaban casi dos mil kilómetros de homenaje motero, posiblemente de los mejores tramos largos del viaje. Sin duda más que recomendable, nada de turismo, gente cordial, muy lejos de casa que siempre ayuda a valorar un lugar, y grandes posibilidades de ruta en moto, tanto en carretera como seguro buscando pistas que debe haber.

Esperar a que terminen las lluvias, una buena tienda de campaña y buena compañía lo habrían hecho perfecto.

Gracias por leerme

En breve…

Java y los sudores

 

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SUMATRA

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PERFIL SUMATRA

MOTO SELVAPUEBLO VERDE

16 Comments
  • andhy
    Posted at 19:13h, 14 febrero Responder

    hi bro…

    u hebat, A+ for u charly.
    suatu saat aku akan melakukan perjalanan seperti u.
    terima kasih untuk inspirasi u.

  • astangi
    Posted at 06:13h, 15 febrero Responder

    Parece que Sumatra ha sido de esas «etapas» sprint. Espero que lo que quede por delante sea de mayor aliciente. Como hay días soleados y días con nubes, así hay partes del viaje. No pierdas la ilusión y no corras (parezco tu padre).

    Bsos,
    S.

    • Charly
      Posted at 11:36h, 02 marzo Responder

      Hola amigo, tiempo sin hablar por ningún medio… ya te echo de menos. Pues vamos disfrutando lo que podemos, el viaje terminará siendo moto, moto y moto. Ayer se cumplieron los seis meses, así que lo que queda es extra para llegar, pero sin florituras. Igual de todo disfruto, aunque sea encima de la moto. Estoy muy lejos como para no hacerlo, nunca deja de ser único todo lo que me pasa, aunque sea una simple parada en una gasolinera.
      Gracias por estar siempre ahí, desde siempre.
      Un abrazo

  • David
    Posted at 17:52h, 16 febrero Responder

    Hola Carlos,
    Es la segunda vez que escribo aquí, aunque todas las semanas miro la web para ver como te va. Como a todos me das una envidia sana increible y me prometo que algún día iré tras tus pasos para poder vivir una experiencia única en la vida. Espero que la flor que te acompaña lo siga haciendo hasta el final de tu viaje por lo menos. El otro día con un compi, hablabamos sobre aventuras y la imposibilidad de hacerlas por el curro y le invité a que visitara tu web, que aun quedan aventureros y que no hay más esclavismo que el que elegimos.
    Una pregunta, ¿cuando llegues a Australia cual es el plan? ¿Volver hasta España en moto o meterla en un barco y volverte en avión?
    Un abrazo y gracias por compartir tu viaje.

    • Charly
      Posted at 11:33h, 02 marzo Responder

      hola David, yo vuelvo volando en los dos sentidos de la palabra, ya llevo retraso. La moto en barco, ya tengo algún contacto de empresas de carga y espero que desde Australia como parece, sea más sencillo el trámite. Cosas del desarrollo.
      Me alegra saber que me sigues y que lo compartes con amigos, buen síntoma.
      Un abrazo

  • CARLOS
    Posted at 10:52h, 18 febrero Responder

    Como siempre tus relatos se me quedan tan cortos. Animo y espero que el próximo llegue pronto.

    • Charly
      Posted at 11:31h, 02 marzo Responder

      Hola Carlos, por comentarios como el tuyo escribiría siempre más, pero no creas que es fácil. Intento estar aislado de todo para escribir y parado, después de una jornada de moto es casi imposible concentrarse, y en los sitios que paro unos días afortunadamente suelo estar acompañado, lo que tampoco me permite escribir tranquilo. Pero hago lo que puedo, y a veces hago un esfuerzo porque sé que hay gente leyéndolo, desde luego. Mil gracias por eso y por acompañarme en el camino.
      Un abrazo

  • otro Miguelín
    Posted at 14:59h, 24 febrero Responder

    Ánimo campeón. Eres mi idolo. Espero que todo siga igual de bién y que continues haciendonos disfrutar con tus crónicas como hasta ahora.

    P.D. Ya se que hacer planes no es lo tuyo, pero en Australia que ruta piensas tomar? Este? Oeste? Centro?

    • Charly
      Posted at 11:27h, 02 marzo Responder

      Hola Miguelín, en el último relato contesto más o menos, la idea es atravesar de norte a sur y cruzar el desierto. Pero es el peor momento o de los peores por calor, así que no es seguro. Y efectivamente, hasta que no esté allí con los canguros, no lo decidiré.
      Gracias por estar ahí desde el principio.
      Un abrazo

  • Esteban
    Posted at 16:33h, 24 febrero Responder

    Hola Carlos , te sigo desde el primer dia y realmente tu viaje es espectacular y mas haciendolo como motociclista , en cuanto a éste tema estoy gratamente sorprendido ( ya que yo , como dije alguna ves , tambien tengo una Varadero en Argentina ) por la confiabilidad que te esta dando la moto , especialmente en la parte mecanica , sin ningun inconveniente ( y ademas soporto un choque de frente )
    Espero tu proximo relato con mucha expectativa.
    Mucha suerte.Un abrazo motociclista.

  • Javier
    Posted at 17:58h, 25 febrero Responder

    Hola Carlos, impresionante el viaje, las vivencias, y el valor que le estás echando. He encontrado tu página hace unos días y me la he leido casi del tirón, me parece una pasada. Además que como lo cuentas hace que te vayas enganchando más a tu viaje. Mucho ánimo con lo que te queda y nada….a esperar tu siguiente etapa.
    Un abrazo y gracias.

    • Charly
      Posted at 11:25h, 02 marzo Responder

      Pues gracias a ti Javier por leerte casi del tirón mi ladrillo de viaje, no sabes la ilusión que me hace saber que es «comible». Espero que te siga gustando y me alegra saber que tengo un nuevo compañero de viaje. Un abrazo

  • Ulisses Coruña
    Posted at 14:40h, 27 febrero Responder

    No aguanto más!! hace tiempo que sigo tu blg. Me tienes enganchado a tus crónicas.. leyendote hace que uno (motero como tu) y en antaño con muchos kms a la espalda hace que uno se olvide por un momento de la rutina (hipoteca, recibos mensuales, suegra/o, casa-trabajo-casa…) y decían que la esclavitud esta abolida en occidente.. cada día somos más esclavos… no hay día que no recuerde aquella época de salir de casa con la xj, la tienda de campaña y un mapa que acaba en los pirineos.. más allá estaba el MUNDO. Encima después de leer tu blg en casa mi esposa me pregunta ¿Te pasa algo cariño?. Al carajo!! eres un krack por favor sigue escribiendo

    • Charly
      Posted at 11:24h, 02 marzo Responder

      Este comentario es para enmarcar, me da pánico volver, habrá mujeres y suegras esperándome en el aeropuerto? con machetes?
      jaja!, mil gracias por leerme y por mandarme esta joyita que me hizo reír un buen rato.
      Un abrazo

  • blas el argentino
    Posted at 04:15h, 01 abril Responder

    Amigo, esto es sencillo, recorda estas palabras de otro motociclista solitario como vos.

    Cuando estes cansando o sin rumbo o lo que fuere, repeti estas palabras.

  • SINEWAN | De Java a Bali — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 11:06h, 29 marzo Responder

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