Charly Sinewan | Sudáfrica, interferencias en la Wild Coast
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Sudáfrica, interferencias en la Wild Coast

Sudáfrica, interferencias en la Wild Coast

sinewan.com. accident in wild coast

Haga Haga

Desde Port Elizabeth a Lesotho el camino más rápido es la N-II, una aburrida carretera de asfalto en la que llevo cinco horas metido. Un desvío que indica Haga Haga me saca por fin de la monotonía, el firme se vuelve tierra desigual y enfilo hacia la costa. Por exigencias del guionista me dirijo a la Wild Coast, no sé qué me espera allí pero una noche en Plettensberg me mandó un mensaje claro. Allí conocí a un tipo, un joven rubiales sudafricano casado con una mallorquina. Chapurreaba algo de castellano. Su mujer y su hija estaban haciendo la temporada en las baleares, trabajando en un barco. Se le veía muy enamorado, mostraba orgulloso la foto de ambas. Mi vida nómada por unos momentos debió generarle alguna interferencia y dijo envidiarme. Lo cierto es que según lo dijo se le perdió la mirada unos instantes y supongo que la foto que me había mostrado unos minutos atrás volvió a su cabeza para fulminar cualquier celo. Fue él quien me habló de la Wild Coast, otra parte de este país agraciado.

–    Montañas verdes , infinidad de ríos y pistas viradas que entran y salen de la costa entre valles y laderas. No debes perdértelo. Eso sí, mucho cuidado en los pueblos, hay muchos…, la gente es muy pobre allí.-

Quería decir que tuviera cuidado con los negros. Como marido de una española tuvo reflejos y cambió la forma de advertirme de lo mismo.

Días después Rydall me daba la misma opinión pero con todas las letras.

-Me encanta la Wild Coast pero no voy nunca, está llena de negros y es peligroso-.

Rydall como muchos de los blancos sudafricanos no tiene problema en mostrar su rechazo por los negros. Ni siquiera es racismo hacia un color de piel, es rechazo exclusivo a los negros sudafricanos. Ambos pueblos llevan enfrentados dos siglos, el odio es mutuo.

Rydall y Megan forman una familia tradicional sudafricana. Él viene de segundas, de su primer matrimonio tiene un hijo, Dylan, un adolescente sanote que sólo piensa en hacer el cabra con su KTM. De la unión con Megan tienen dos niños, Riley y Jessica, mis sobrinos adoptivos porque en los días que compartí vida con ellos terminé siendo “Uncle Charly”. Viven en una granja aunque no la explotan, propiedad del padre de Megan. Allí mismo se casaron hace unos años, bajo una carpa instalada para la ocasión. Esta mañana hemos compartido el último desayuno juntos. La imagen que proyectan es de una familia unida y feliz; tanto el fin de semana que cada cuatro meses disfrutan juntos en un camping, como las duras mañanas laborales en las que han de llevar a los niños al cole e irse a trabajar en algo que aborrecen. Son extremadamente generosos y hospitalarios. Me costó mucho conseguir aportar algo esos días.

sinewan.com. casa de Megan y Rydall

Haga Haga es un minúsculo pueblo a orillas del Índico. Varias decenas de casas apostadas a ambos lados de una calle de tierra marrón y un hotel frente al océano. Eso es todo. Llego al atardecer.

The Wild Coast

En Haga Haga compro un mapa detallado de la Wild Coast. Se trata de una zona protegida en la que no se han construido grandes infraestructuras. Un enjambre de pistas se comunican entre sí para ir avanzando hacia el noroeste. Algunas de ellas llevan a la costa, donde suele haber algún hotel aislado, pero no hay carretera costera. Se trata de entrar y salir e ir intentando avanzar por las pistas más pequeñas, asegurándose de que los ríos se puedan cruzar porque no siempre hay puentes. Estoy aquí principalmente por eso. Avanzando por zonas rurales y pistas es cuando realmente siento que estoy cumpliendo el sueño.

La Wild Coast es la tierra de los Xhosa, segunda etnia mayor en Sudáfrica después de los Zulús. Los Xhosa fueron desplazados por los Boers a principio del XIX, luego por los británicos y finalmente por los Zulús. Estos últimos también entraron en conflicto con Boers y británicos, quienes a su vez guerrearon entre ellos en dos ocasiones, las guerras boer. Siempre por la misma razón, tierras y recursos. Esto era y sigue siendo Sudáfrica, un país complejo y complicado de entender y con difícil solución. Demasiados gallos para un corral de oro y diamantes.

El Xhosa más célebre es Nelson Mandela. A unas dos horas de Haga Haga hacia el interior está Qunu, el pueblo donde tiene su casa. A medida que avanzo por las montañas y serpenteo entre valles y ríos me topo de nuevo con el África negra que había dejado atrás hace meses. Vuelve la vida rural, las casas sencillas con tejado de paja y la vida constante en los aledaños de la carretera. Risueñas y rechonchas mujeres envueltas en trajes coloridos que no cesan un minuto de trabajar, niños sucios y felices que saludan al blanco forastero y jóvenes y viejos que deambulan sin aparente destino.

sinewan.com. poblados wild coast

La hostilidad de un pueblo se puede medir por el gesto de sus adolescentes. Las hormonas y la rebeldía es en esos años cuando están a flor de piel. Pocas veces los he visto pero sí recuerdo alguna zona en África y alguna ciudad kurda en la que la mirada de los transeúntes con acné invitaba a acelerar. El pueblo Xhosa me parece dócil y amigable. Eso no quita que haya algún delincuente, pero no siento nada de todo eso de lo que me alarmaron unos y otros días atrás. Sin embargo no puedo juzgar a los sudafricanos blancos por pensar como piensan. Mueren cincuenta mil personas al año por homicidio en Sudáfrica. La mayoría de ellos son blancos asesinados por negros. Podríamos pensar que son ricos asesinados por pobres, pero eso no es del todo cierto, no todos los blancos son ricos y en Sudáfrica por un móvil te pueden quitar la vida. Este país es muy complejo y antes de juzgar a unos u otros hay que pensárselo dos veces. Para mi que paso por aquí de puntillas, estos tipos sonrientes que deambulan por los aledaños de la pista me resultan amigables. Tampoco voy a juzgarlos por ser negros, aunque en este país la mayor parte de sus muchos delincuentes sean de ese color.

sinewan.com. crossing the riverHe cruzado victorioso un par de ríos, uno en ferry y otro a través de un sólido puente. En el ferry un tipo me ha preguntado dónde me dirigía. -Ni idea-, le he contestado, -costeando hasta que se avecine la noche y encuentre un sitio económico en el que dormir-. Miramos juntos el mapa. Me recomienda un backpackers llamado “gulungela”. -Está dentro de una reserva, te encantará, además suele estar lleno de guapas alemanas-. No es el reclamo teutón lo que me hace no dudar un  segundo, más bien es lo que ese dato significa. Necesito cambiar de aires. Llevo un mes en Sudáfrica y sólo he compartido el tiempo con familias. Dos semanas en Ciudad del Cabo con Desti, Chris y su complicada situación, una noche con los Zamp, otra noche no relatada en la que me acogió en su casa un matrimonio sudafricano en el Cabo de las Agujas, varios días en Plettenberg con la familia de Mili en el Hola Café y estos últimos con Megan y Rydall. Ha sido enriquecedor y he aprendido mucho más de lo que otro viajero me pueda contar de la cultura sudafricana, pero necesito ya un poco de “perroflautismo”. Sin dudar un segundo enfilo a “gulungela”.

Sobre las dos de la tarde la pista desciende en busca de un nuevo río. Esta vez es más estrecha y tengo dudas de si habrá puente. Voy despacio y relajado, el día está siendo de los buenos y me apetece saborearlo. La pista ha estado seca de principio a fin. Sin embargo la cercanía del río ha embarrado un zona en descenso. Ni me percato de nada. En milésimas de segundos la rueda delantera pierde adherencia y la moto se precipita contra el lateral. Ambos nos estampamos contra el suelo. No tengo tiempo de pensar qué ha pasado. Me he jodido el pie. El dolor es instantáneo. Me lamento unos segundos en el suelo. Tengo que apagar la moto. Me insulto mientras me incorporo. Estoy jodidísimo, el dolor es insufrible. Tengo molestias en la pierna también.

Me tomo mi tiempo para levantar la moto y sacarla del barro. Casi me estampo de nuevo contra el suelo. Es una pista de patinaje, una trampa mortal para vehículos de dos ruedas. No sé qué hubiese pasado de haber ido deprisa, quizá la concentración hubiese evitado la caída o quizá no y el impacto habría sido mayor. Con calma y la cabeza fría empiezo a resolver. Lo primero y único importante es llegar cuanto antes a un hotel. Si en caliente este es el dolor me temo que cuando enfríe voy a estar realmente jodido. Miro el mapa. Saliendo de esta pequeña pista hay otra mayor que lleva a un hotel llamado Kob Inn. Deben ser unos veinte kilómetros. Salgamos de aquí.

Kob Inn

sinewan.com. Kob Inn 3Varios turistas descargan sus coches en el parking cuando renqueante entro en el recinto. He tardado algo más de media hora y la cosa ha ido a peor. Bajarme de la moto es un suplicio. Pregunto por el bar. Está justo al final del recinto, frente al mar. El espectáculo es lamentable, no puedo apoyar el pie izquierdo. Tardo horrores en llegar, conseguir un cubo con hielos y volver para no estar lejos de mi patrimonio. Me tumbo junto a la moto y me quito la bota. No tiene mal aspecto. No se ha hinchado pero tengo un punto de dolor en el empeine. Pensaba que era el tobillo pero no, es el hueso de la parte superior del pie. Lo que pasa es que es tan fuerte que no puedo mover el pie ni apoyarlo. En el gemelo tengo un tendón fuera de su sitio, al menos eso creo. Me pongo hielo y me relajo. Mientras no me mueva el dolor es llevadero.

Comienza el desfile de turistas. Cuento la historia varias veces hasta que una señora muy amable me pregunta si tengo reserva. Con el bullicio no soy consciente de que trabaja allí, pienso que es una turista más que se interesa por mi. –Ni tengo ni sé si podré pagar este hotel, me dirigía a un backpackers cuando me caí y este era el sitio más cercano-. – La habitación más económica cuesta cincuenta euros con tres comidas-. – Ah bueno, entonces no tengo problema mientras sea una sola noche, si me tengo que quedar más entonces estaré en apuros-.

Es una forma de hablar, claro que lo puedo pagar. Me he estampado contra el suelo hace un par de horas y no puedo apoyar el pie. Otra cosa es que viajando mi presupuesto no permita frecuentar este tipo de alojamientos. Pero sin darme cuenta acabo de negociar el precio, la señora es la dueña del hotel, de eso me enteraré más tarde. Entre tanto se acerca una nueva turista.  Es fisioterapeuta. De mediana edad, atractiva, cercana y sobre todo resolutiva. Me inspecciona en segundos.

–    ¿Te duele aquí?, ¿y aquí?, date la vuelta, ¿aquí?, dobla la pierna, estira.
–    ¿Y?
–    Nada, de esta no te mueres. No tienes nada roto, probablemente sea una simple tendinitis y un fuerte golpe en el pie.

Una chica joven con pantalones elásticos y botas hasta la rodilla se acerca. Es la profesora de hípica.

-    Aquí no hay médico y el botiquín que tenemos es muy limitado. Lo que tengo es un gel que le doy a los caballos para los tendones. Seguro que te va bien.

Si no fuese por el dolor me lo estaría pasando en grande. De hecho me lo estoy pasando muy bien. Se acerca un tipo, miembro del club BMW en África. Se interesa por la lesión pero rápido se pone a hablar de motos. A ratos me cruje la pierna y sollozo en las respuestas, pero mantengo el tipo y seguimos la charla distendidamente.

Dos horas después de haber llegado y sin haber pedido nada me encuentro en una cabaña con cama de dos por dos, una ducha que parece un spa, un bote de gel azul que me hará arder la pierna rato después, y la moto aparcada en la puerta, por supuesto traída por el miembro del club BMW porque yo no podría ni meter primera. Después de ducharme, me unto en gel, me drogo con ibuprofeno y me tumbo en la cama. Problema resuelto, la adrenalina me abandona. El cuerpo se congela e incluso vestido y tapado con varias mantas tirito hasta caer fulminado en un profundo sueño. La cena es a las siete.

El pie se ha hinchado pero no es nada dramático, las dos horas de hielo han debido funcionar. Cojeando llego al comedor. Unas treinta mesas alumbradas tenuemente con velas acomodan a varias familias, todas sudafricanas blancas. Las mujeres Xhosa, simpáticas y serviciales, atienden con formas occidentales. La ocupación supera el cincuenta por ciento pero no hay bullicio. La decoración, la luz y el perfil de los comensales hacen que el sitio sea agradable y elegante. Unos y otros se interesan por mi estado. Mi mesa está junto a la de los dueños que la comparten con su hija. Cada noche cenan con sus clientes, al terminar se pasean mesa por mesa interesándose por todos ellos. El menú es exquisito y el vino el mejor analgésico.

sinewan.com. kob inn2

A la mañana siguiente la dueña viene a visitarme a mi habitación. De nuevo se interesa por mi estado y me comunica que puedo y debo quedarme hasta el lunes para recuperarme bien. Sólo me cobrarán el equivalente a quince euros al día, con desayuno, comida y cena.  Agradezco efusivo el detalle pero cuando se marcha comienzo a sentirme mal. Al día siguiente,  justo después de cenar un manjar de pescados y mariscos frescos, me acerco a la pareja y les explico la situación. Agradezco el detalle pero es demasiado poco, no me parece justo.

– Paga lo que quieras y puedas Carlos, pero antes de partir recupérate.-

Esto es Sudáfrica. No puedo decir otra cosa. La generosidad de los sudafricanos blancos es extrema y continua. Quizá es una solidaridad motivada por su condición de minoría amenaza por una gran mayoría. Quizá, no tengo ni la más remota idea, es parte de la cultura de un pueblo muy joven. Una sociedad que ha pasado tres cuartas partes de su existencia guerreando y casi la otra cuarta parte amurallada en su apartheid. Quizá el ser humano tiende a ayudarse más cuando su colectivo está en apuros. No sé nada más que lo que veo y tal cual lo dejo aquí escrito.

Entre tanto el guionista lleva unos días raro. No sé cómo tomarme los avatares del destino. “Gulugula” y sus guapas alemanas viajeras se han diluido y tras estamparme seriamente contra el suelo por primera vez en cuatro años, me encuentro de nuevo en un entorno familiar. No sé qué intenta decirme, pero algo hay.

Los tres días alojado en Kob Inn socializo con diferentes familias. Me convierto en una atracción más del hotel. Montar en quad, pasear a caballo, pescar y hablar con el motero que cojea. Abuelos, padres e hijos escuchan atentos mis batallitas. Hay diferentes tipos de familias allí alojadas, pero la mayoría nunca antes ha conocido a alguien que haya visitado tantos países, mucho menos en moto. La imagen del pueblo iraní les provoca cortocircuitos en su entramado clásico de pensamiento. Musulmanes malos. Me miran raro cuando hablo de Nigeria como uno de los países más interesantes del África que conozco. Incluso de su cercana Angola no tienen ni la más remota idea. La vida en una burbuja es atractiva mientras no sales de ella. Pero al otro lado hay un mundo seductor, muy diferente a lo que creemos. Cuanto más cerrado es el entorno en el que me encuentro, más consciente soy de ello. A todos les parece interesante lo que cuento, aunque probablemente la mayoría de ellos piensa que soy un loco y al finalizar sus vacaciones callará mi discurso subiendo el volumen de la televisión. Yo al menos he disfrutado generando interferencias.

Pensándolo bien viajar en moto por el mundo podemos también considerarlo una burbuja. Tengo muchos amigos que han formado familias y viven una vida más o menos convencional. Como, ceno o salgo con ellos en muchas ocasiones. Sin embargo este mes en Sudáfrica he salido de mi burbuja y he compartido el día a día con familias que tomaron un camino en la vida muy distinto al mío. El guionista quizá quería crear interferencias a este modo de vida que me seduce pero que no considero sea el único que lleva a la felicidad. Todo depende de para quién.

El lunes por la mañana reanudo el viaje. Todavía cojeo ligeramente y el pie sigue molestando, pero puedo cambiar las marchas y apoyar el pie sin demasiados lamentos. Sobre las doce de la mañana abandono Kob Inn. El rugir del motor y el viento en la cara acallan el discurso del guionista.

Sigo viaje, veremos hasta dónde llego.

22 Comments
  • luloadventure
    Posted at 22:02h, 04 julio Responder

    .
    Benditas interferencias…

    … me ha gustado mucho éste relato, gracias Carlos.

    Becare & keep rolling…

    – LULO –

  • tatin
    Posted at 22:13h, 04 julio Responder

    Muy atractivo como está narrado y interesante las ideas relatadas!

    Avantiii!!

  • Juan Carlos
    Posted at 22:34h, 04 julio Responder

    Hola Charly,realmente siempre es «una de cal y una de arena»lo que cuentas es realmente fantàstico pero a la ves tan real como la luz!a mi en èste viaje hacia Catalunya,donde me encuentro ahora ,me han ocurrido tambien de la situaciones mas insolitas,siempre cuando menos te lo esperas!Hay alguien que te da una mano con mucho placer,viendote en apuros.Los viajeros en moto somos tipos particulares,una mezcla de linda locura y coraje!Suerte y hasta pronto.

  • Francisco J. Cruz
    Posted at 22:34h, 04 julio Responder

    No sé si que me presentes a tu Guionista o, mejor, que me enseñes a interpretar señales.

  • Francisco
    Posted at 23:05h, 04 julio Responder

    Gracias por contárnoslo, sigue disfrutando y cuida esa pierna.
    De caídas tontas sí que entiendo… Jeje!
    Salud y suerte!

  • Carlos Avelino Monna
    Posted at 23:55h, 04 julio Responder

    Solo quiero decirte que comparto en gran medida tus comentarios, viajar en moto genera todas esas sensaciones, y será por eso que deseo retomar mis viajes a pesar de la edad (tengo 65 años recién cumplidos). Seriamente pienso en vender mi BMW RT 1200 que tantas satisfacciones me ha dado a lo largo de casi 50.0000 que he recorrido con ella. Pero siempre me ha quedado pendiente circular por «cualquier ruta» el modelo de moto me lo impedía, de todas maneras aún sobre pavimento es posible conocer, recorrer, hablar con la gente del lugar y recibir todo el afecto de quienes diariamente mal o bien (economicamente me refiero) tienen una «rutina» y toparse de golpe con alquien que ha escapado a la «rutina» los «sacude mucho» pero no lo suficiente como para que luego de «acontecimiento» continue con su rutina.
    He tenido la fortuna que los viajes los he realizado con mi esposa y compañera, Negrita asi la llamo cariñosamente y eso me ha permitido mantener un equilibrio emocional que solo a veces es mas dificil.
    Un abrazo y mucha suerte, te saludo desde Concordia, Entre RIos, Argentina

  • Escipion de la Pradera
    Posted at 00:13h, 05 julio Responder

    Cuídate!! Un tema sumamente complicado el de Sudáfrica. Me gusta que no te andes por las ramas ni intentes ocultar tu opinión. Gracias por contarlo tron. Un abrazo!

  • Kerguelen
    Posted at 00:38h, 05 julio Responder

    Que grande Carlos, no me canso de decirlo. Y me encanta tu vision tan amplia del mundo y de las burbujas en las que estamos todos metidos. Un diez por este relato y tantas cosas que nos cuentas en él.

    La próxima vez que nos veamos en el Paddock o donde sea te recordaré este relato. Y tienes una birra pagada.

  • Ismael
    Posted at 00:43h, 05 julio Responder

    Muy bueno Charly, lleva para la próxima un antiinflamatorio más potente que ibuprofeno, diclofenaco o Enantyum (además de este hay una forma flash que no necesita agua y se disuelve en la boca..) mucho animo

  • Andre Schurch
    Posted at 04:49h, 05 julio Responder

    Me gusto tu relato Charly, te deseo lo mejor cuídate, desde Salta Argentina.

  • Koper
    Posted at 09:01h, 05 julio Responder

    cronica gordita, como a mi me gusta, gracias!

  • José
    Posted at 09:26h, 05 julio Responder

    Es impresionante lo que me haces vivir la aventura sin salir de casa. Ten mucho cuidado y sigue apasionándome; con tu forma de contar las cosas me haces sentir vivo y mucho mejor.
    Muchas gracias

  • Roberto Salas
    Posted at 10:43h, 05 julio Responder

    Joder Charly, se agradece leerte. La resaca del viernes es mucho más llevadera… XDDD Cuida ese pie, que tienes que seguir contándonos esa vida tuya que estás haciendo también un poco nuestra! V’ss

  • Miguel Ángel Morillas
    Posted at 13:12h, 05 julio Responder

    Muy bueno Charly, me ha gustado mucho. Coincido con tu forma de ver las cosas, aunque por supuesto sin el bagaje viajero que tú tienes. Eso sí, a ver si vamos haciéndonos con un botiquín en condiciones…parece mentira jajajaja!!!

  • Anónimo
    Posted at 20:32h, 08 julio Responder

    Cada vez relatas mejor condenado !!! el guión se pone interesante !!

  • SAMURAI
    Posted at 00:04h, 09 julio Responder

    Sublime y embriagador. No puedo describirlo de otra manera

  • Ezequiel
    Posted at 08:35h, 09 julio Responder

    Ya te lo dije una vez: Cuando caigas, aprovecha y recoge algo del suelo…

  • Porrester
    Posted at 23:00h, 09 julio Responder

    Eres sabio amigo! esa es la Sudafrica verdadera que tanto se echa de menos… Gracias por compartirlo!

  • Jorge Fernandez-Tagle
    Posted at 13:03h, 10 julio Responder

    Me alegro que todo quedara en un susto. Animo. Disfruta de tu experiencia y cuentanosla. Espero poder algun dia hacer lo mismo y salir de mi burbuja para ver esos universos y vidas paralelas a las nuestras que nos estamos perdiendo. Un fuerte abrazo

  • paratito
    Posted at 12:44h, 19 julio Responder

    Bueno, veo que al final no ha sido para tanto. Al ver el video he pensado en lo peor. Supongoque las protecciones del motor y los refuerzos de las botas han ayudado a que no te destrozaras el pie.
    Un abrazo compañero!!!!

  • Sinewan Blog | EL Mundo en Moto SinewanEL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 19:48h, 08 enero Responder

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  • Ciudad del Cabo - Madrid - EL Mundo en Moto SinewanEL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 21:32h, 06 febrero Responder

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